
De la gente prefiero callar. Pero de las pequeñas calles de tierra sin cordón. De la plaza a dos diagonales del cielo turquesa. De las mañanas, los pájaros y las canciones de un hermoso mundo de atracciones del cual podemos ser espectadores. De un bar que vende por copas y copas que cantan los brindis. Del viento, ese viento del cerro chiquito que prende las narices y mueve el pastizal. De la lluvia, de madrugada y de goterones, de bailes guerreros y golpes certeros, de caída libre y giro vertical, de cruces, de mapas, de rutas y de viajes. De este lunes, soleado y mojado. Y de vos mi amor que en esta ciudad te encontré.
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