6/5/12

El viaje


El mar. Navegar. Las anclas, las velas, los domingos y las gaviotas. El incontable repiquetear de los pájaros carpinteros en la proa y un dulzor especial después de la pesca nocturna. Días y días de un azul turquesa prolongado y la sensación inexistente de que todo volverá. Nada más allá de una tormenta feroz cuando el crepúsculo cae y la clara y repetitiva angustia de pecho, tan fuerte como un re del mismo pecho. A veces el sol no sale al otro día. A veces la oscuridad madruga. La maldita y acosadora soledad, sin estar solo. El mar, el camino obvio, sisi, para allá. Un viaje desolador. Continuo. Marcado por la punta arrugada del fracaso. Fracasar y hundirse hasta que la frente llegue al titanic. Desangrarse y otra vez volver a navegar. El mar nunca sabe mejor que cuando la sal te arde en las heridas. Y en ese incansable cause azul una noche de primavera chocamos. Mi mar intentaba brillar, pero solo intentaba. Nunca pensé en nadar seriamente .Un par de ahogos y algún otro hueco en mi barquito me tenían los dedos acalambrados. La sal me arrugaba las pestañas y sensación de que nada podía ser como se veía desde arriba, me agobiaba. Las mañanas también tenían un dulzor especial (la pesca nocturna funcionaba). Navegar, navegar y navegar. Hemos navegado. Encontramos algunas estrellas vislumbradas y también detestables meteoritos, ya destrozados por la mirada de nuestra popa. ¿Quién creería en la barca incurable de sensaciones únicas y encontradas que sedujeron a nuestro amor? ¿Quién sospecho que en nuestro barcochocadoyarmadodenuevoamano las tormentas no tenían efecto? Incomprendido el rugir de un motor imparable a punta de pistola en la marea roja. Loca y disparatada la valija que llevaste entre los elementos de cocina. Los cuentos y escritos de la maquina sin la tecla B que siempre pero siempre estuvo ahí. Podría ser vos. Podría ser yo. Descendimos del cielo a los infiernos. Pretendimos ser poesía. Pelear con el  mundo y su océano de alucinaciones. Hasta que por fin ¡Nada existe! ¡Nada existirá! No sé si acaso existe una razón para acordarnos. ¡Yo no como decirte que te busque sorteando el tiempo y el dolor! Sé que en la soledad no había nada que temer, pero también sé que cada día fue un paso para entender  que hay un respiro en el amor. En este invaluable, inseparable y fulminante amor.

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